8 formas de cagarla emocionalmente con tus hijos

Photo Credit: Historias Visuales via Compfight cc
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He leído en el Huffington Post este estupendo artículo destinado a las familias. Lo ha escrito la psicóloga Sherrie Campbell y lo pongo textualmente tal y como aparece en el Huffpost porque me parece un excelente artículo para ayudarte a que tu hijo crezca emocionalmente sano.

Los niños son la luz de nuestra vida. Todos nos estrenamos como padres con una sola idea en la cabeza: lograr que tengan éxito, amor y felicidad. Sin embargo, estos sueños a veces no se cumplen porque los niños no obtienen lo más importante que necesitan para convertirse en adultos disciplinados, maduros y con motivación. A continuación mostraremos ocho cagadas que harán que tu hijo sufra depresión, ansiedad, rabia, relaciones familiares tensas, problemas con sus amigos, autoestima baja y conflictos emocionales a lo largo de su vida.

1. Ignorar o minimizar los sentimientos de tu hijo. Si tu hijo manifiesta tristeza, enfado o miedo y tú te burlas de él, lo humillas, lo ignoras o te ríes, estás minimizando sus sentimientos. Básicamente, le estás diciendo que lo que siente está mal. Cuando haces esto, frenas el amor de tus hijos y pierdes oportunidades para crear ese vínculo que les haga saber que sus padres les quieren de manera incondicional.

2. Falta de consistencia en las normas. Si nunca hablas con tus hijos sobre lo que esperas de ellos, nunca sabrán cómo comportarse de forma apropiada. Los niños tratan de estar al nivel de tus expectativas. Tus pautas les proporcionan las claves y los límites que les ayudan a definir quiénes son, si lo hacen bien o mal. Si no dejas las cosas claras, tu hijo pensará que la vida es algo indefinido y empezará a buscar sus propios límites, lo que hará que baje su autoestima y que tenga problemas de comportamiento.

3. Tratar a tu hijo como a un amigo. Nunca compartas todas tus preocupaciones y tus problemas con tu hijo, ni le pidas consejo. Si te muestras desamparado y derrotado ante tus hijos, nunca aprenderán a respetarte y te tratarán como a un igual o a alguien inferior, pues sentirán que los utilizas como terapia. Debes demostrar a tus hijos que puedes hacer frente a los problemas y a los retos, manejar el estrés en tu vida y salir del túnel. Sé espontáneo y muestra tus emociones, pero no sobrecargues a tus hijos.

4. Menospreciar al otro progenitor. Si no manifiestas afecto y amor hacia tu pareja delante de vuestro hijo, el niño no desarrolla ese barómetro que le indica lo que es el amor o a qué se parece. Si desprecias a tu pareja y la rechazas, amenazando con el divorcio, creas un estado crónico de ansiedad en tu hijo. Si ya estás divorciado y te mantienes frío, distante, crítico y enfadado con tu ex, estás enviando a tu hijo el sutil mensaje de que tu ex es la causa del divorcio y de que tú tienes que ser su mamá o papá favorito. Esto es alienación parental.

5. Castigar la independencia y la separación. Cuando castigamos a nuestros hijos por madurar, les hacemos sentir culpables por tener necesidades y deseos normales en su desarrollo, lo que a menudo les provoca inseguridad, rebeldía y otros comportamientos que acaban incapacitándolos para desconectar y ser ellos mismos.

6. Hacer de tu hijo una prolongación de ti mismo. Si, como padre o madre, asocias tu propia imagen y tu valía a la apariencia de tu hijo, a su carácter, a sus habilidades y hasta a sus propios amigos, le estás haciendo entender que le quieres por lo que tiene, y no por lo que es. Esto hará que ellos busquen agradar en lugar de emprender, y que siempre estén preocupados por si son o no lo suficientemente buenos.

7. Entrometerte en las relaciones de tus hijos. Dirigir cada acción de tu hijo en lo que a relaciones se refiere (ya sea con amigos o con profesores) inhibe su madurez. Por ejemplo, si tu hijo se mete en un lío en la escuela y tú vas inmediatamente a hablar con el profesor para arreglarlo, o estás constantemente diciéndole cómo tratar a sus amigos, el niño no aprenderá a manejar por sí mismo los aspectos más complejos de sus relaciones.

8. Sobreprotección. Cuando protegemos a nuestros hijos frente a todo problema o emoción, hacemos que crezca su autoestima y que piensen que tienen derecho a todo, cruzando a veces la línea del narcisismo. Esperan que la vida sea más fácil de lo que es y quieren todo para ellos, independientemente de cómo sea su comportamiento. Luego podrán deprimirse y confundirse cuando no obtengan lo que creen que se merecen.

Traducción de Marina Velasco Serrano

Enfadarse enferma

Así es, enfadarse enferma, y mucho. Lo he leído en el Huffintong Post y me parece una excelente llamada de atención para el comienzo de curso.

Puede que haya motivos para el enfado, desde luego, pero lo que debemos hacer es controlar nuestras emociones para que no desarrollemos ninguna enfermedad. Os cuento algo más de el artículo tan interesante.

Resulta que “enfadarse crea hábito y daña la mente y el cuerpo”, dice  el Dr. Ricardo Moreno, jefe de Servicio de Digestivo del Hospital La Princesa de Madrid. En palabras sencillas, el Dr. Moreno dice que cuanto más te enfadas más te querrás quiero enfadar (como si del tabaco se tratara) y alterando el normal funcionamiento de órganos vitales del cuerpo humano: cerebro, corazón, hígado… de modo que provocarás una “enfermedad”. Frente a esto sólo cabe al control de las emociones, respirar hondo y tratar de racionalizar las cosas que nos molestan. Algunas de ellas no podemos cambiarlas, así que es ridículo enfadarse por ellas.

¿Cuántas veces nos enfadamos por cosas que no podemos controlar?

Así que tómate las cosas con la mayor calma posible, procura evitar aquellas que sabes de antemano que te irritan y, cuando estés enfadado, piensa por un minuto si merece la pena, si puedes hacer algo al respecto porque te estás jugando la salud. Como dice la alcaldesa de Madrid:

Tómate una relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor

Imagen: Guten Morgen bajo Licencia CC

Me cae mal el profe… por eso no estudio su asignatura

Sing It Back

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Son ya muchos años escuchando a alumnos en el instituto argumentar que no estudian una asignatura porque les cae mal su profesor. Este rechazo al profesor provoca un abandono de la asignatura que, en no pocas ocasiones, se convierte en un lastre para sus estudios. Al rechazo inicial de la asignatura, pronto se unen las lagunas y cuando se quiere reaccionar, es demasiado tarde porque las lagunas impiden aprender de nuevo. Es un círculo vicioso más habitual de lo que pensamos.

Analicemos qué ocurre detrás del círculo vicioso descrito. No se trata de que caigas bien o mal a los alumnos, esto es algo subjetivo, es una percepción suya que es difícil de contrastar, máxime cuando a unos les ocurre y a otros no, sino de que ellos no son capaces de encontrar un vínculo emocional con el profesor y, por extensión, con la asignatura. Ante esa falta de vínculo, abandonan, estudian de mala gana (en el mejor de los casos) y suspenden.

¿Qué podemos hacer?

Si eres profesor

Si eres profesor y estás leyendo esto, simplemente revisa tus acciones en clase, tus prejuicios sobre alumnos determinados, a quién llamas la atención y a quién no, además de los motivos que hay para ello. Si conoces a alguien que ha abandonado, habla con él (o ella) para intentar crear ese vínculo emocional. No se trata de que le regales nada, le exijas menos ni nada parecido pero ese acto juega a favor de su motivación. La opción “como no me molesta y no hace nada, me despreocupo de él/ella” creo que es incorrecta porque tu alumno no aprenderá nada, no se apasionará por tu asignatura y puede tener consecuencias graves en sus estudios. Por otra parte, los profesores tenemos que buscar la manera de hacer que el entusiasmo que sentimos por nuestras asignaturas lo sientan nuestros alumnos. Revisa ese aspecto. Si no consigues enganchar emocionalmente a tus alumnos, de nada sirve el argumento sobre la importancia de tu asignatura. Importa cero si tu alumno no quiere estudiarla.

Si eres alumno

Si eres alumno y estás leyendo esto, simplemente revisa tus acciones en clase, tus prejuicios hacia el profesor, tu interés en la asignatura y los motivos que hay en todo ello. Habla con tu profesor con humildad, ofrécele motivos para que confíe en ti, esfuérzate y ponte las pilas. Para ti, esa asignatura es importante, tanto que no merece la pena tirar por la borda un proyecto o una ilusión por ella. Símplemente, cambia el chip y trabaja. Desde hoy mismo, coge el toro por los cuernos y márcate un plan de trabajo realista y creíble. Tu esfuerzo se verá recompensado y te sentirás mejor contigo mismo. Habrás aprendido a superar una dificultad, serás más fuerte.

Para todos

Recomiendo este excelente capítulo de REDES sobre el aprendizaje social y las emociones. Ayuda a entender lo que he escrito más arriba.

¡Siempre digo que somos más que nuestros problemas!

Llegan los exámenes, controla tu ansiedad

Imagen: December 3 2007 day 53_ When stredd does a number… bajo Licencia CC

Cuando se acercan estas fechas en las que los exámenes de fin de curso son tan importantes algunos estudiantes tienen problemas relacionados con la ansiedad. Voy a comentar algunas cosas para entender qué es la ansiedad y cómo superarla.

La ansiedad ante los exámenes

Si te pones excesivamente nervioso la noche anterior a un examen; si te quedas completamente en blanco en un examen, llegando incluso a bloquearte y no responder; si tienes sudoración, taquicardia, dificultades para respirar… es posible que tengas ansiedad ante los exámenes.

Como dicen en EducayDisfruta.com

Es normal el estar un poco nervioso y estresado antes de un examen. Le ocurre a todo el mundo. Cierta dosis de ansiedad anticipatoria, de hecho, puede ayudar a ponerse manos a la obra y a mantener un rendimiento alto mientras se hace el examen. Pero en algunos estudiantes, esa ansiedad es sumamente intensa.

Veamos las explicaciones de esta estupenda web da ayuda a padres que explica muy bien todo lo relacionado con la ansiedad ante los exámenes.

¿Qué la provoca?

Todo tipo de ansiedad es una reacción ante la anticipación de algo estresante. Al igual que cualquier otra reacción de ansiedad, la ansiedad ante los exámenes afecta al cuerpo y a la mente. Cuando una persona está bajo estrés, su cuerpo libera una hormona denominada adrenalina, que la prepara para reaccionar ante el peligro (lo que a veces se denomina reacción de “lucha o huída “). Esto es lo que provoca los síntomas corporales, como el sudor y la aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración. Estas sensaciones son de intensidad variable.

Tener un enfoque pesimista sobre lo que podría ocurrir, también alimenta la ansiedad de ejecución. Pensamientos como: “¿Y si me quedo en blanco?” o “¿Y si el examen es demasiado difícil?” ocuparán nuestra mente y pueden impedir que nos concentremos en lo que nos están preguntando. Las personas con ansiedad ante los exámenes también se pueden sentir estresadas por sus reacciones corporales y pensar cosas como “¿Y si vomito?” o bien “¡Oh no, me están temblando las manos!”

Como ocurre con cualquier otro tipo de ansiedad, esta ansiedad de ejecución crea un círculo vicioso: cuanto más se centra una persona en las cosas negativas, más se intensifica la ansiedad. Esto hace que nos encontremos peor y, al tener la mente llena de pensamientos negativos y miedos, más aumentan las probabilidades de fallar en el examen.

¿Quiénes son más proclives a tener ansiedad?

Los chicos/as que tienden a preocuparse mucho por las cosas, que sufren inseguridades o problemas de timidez, o los/as que son muy perfeccionistas tienen más probabilidades de tener problemas de ansiedad. A este tipo de adolescentes, a veces, les cuesta mucho aceptar los errores que podrían cometer. De este modo, incluso sin pretenderlo, pueden estar presionándose demasiado a sí mismos. En este tipo de situaciones es fácil que aparezca la ansiedad ante los exámenes.

Aquellos estudiantes que no han preparado bien el examen pero a quienes preocupa la calificación que puedan obtener, son proclives a experimentar ansiedad. Si no se ha preparado un examen, es lógico preocuparse por sacar una mala nota. El no preparar un examen puede tener diferentes causas, como por ejemplo: no haber estudiado lo suficiente, la dificultad de la materia, o la imposibilidad de conciliar el sueño.

¿Qué se puede hacer?

La ansiedad se puede convertir en un verdadero problema cuando un alumno se estresa tanto al hacer un examen que no puede controlar los nervios a fin de concentrarse en las preguntas del examen y dar lo máximo de sí mismo. De todas formas, el sentirse preparado para afrontar el reto puede ayudar a controlarla. Utilizar algunos recursos que están a nuestro alcance, nos puede ayudar a minimizar el problema, sugerimos los siguientes:

Aprovechar y utilizar el estrés a nuestro favor: El estrés es un mecanismo de aviso, una señal que nos alerta ante algo importante que va a ocurrir. Podemos utilizarlo en el propio beneficio: en vez de reaccionar ante el estrés amedrentándonos, lamentándonos o quejándonos por culpa del examen, podemos adoptar un enfoque activo y mucho más positivo. El estrés puede servirnos para recordar que debemos preparar bien el examen con antelación. De esta forma, evitaremos que el estrés nos domine. Después de todo, a nadie le estresa pensar sobre lo bien que le puede ir en un examen.

Pedir ayuda: A pesar de que cierta dosis de ansiedad ante los exámenes puede ser positiva, una dosis excesiva es otro cantar. Si, cuando al repartir el examen, nos ponemos tan nerviosos que se nos queda la mente en blanco y olvidamos la materia que dominábamos, necesitamos ayuda para controlar el nivel de ansiedad. Los profesores, tutores o el psicólogo escolar pueden ser importantes fuentes de información, a quienes podemos acudir.

Preparar bien el examen: Algunos alumnos creen que lo único que necesitan para aprender la materia y hacer bien los exámenes es asistir a clase. Pero hace falta mucho más que eso. Son muy importantes los buenos hábitos y técnicas de estudio ya que, la “empollada” la noche antes del examen nunca permite obtener el nivel de comprensión profundo que se consigue estudiando regularmente, repasando en casa lo aprendido en clase.

Es fácil comprobar que la ansiedad disminuye cuando existe un hábito de estudio regular en casa. Tiene sentido: cuanto mejor se domine la materia, obtendremos mayor sensación de seguridad en nosotros mismos y confiaremos en hacerlo mejor. Si esperamos hacerlo bien, aumentará nuestra tranquilidad mientras realizamos el examen, tras los momentos iniciales de nerviosismo.

Controlar los pensamientos: Si la confianza en aprobar el examen, nos ayudar a relajarnos, ¿qué ocurrirá cuando falle la confianza en un buen resultado? Hay que descartar los mensajes negativos que nos enviamos a nosotros mismos, ya que contribuyen a aumentar la propia ansiedad.

Contrasta los pensamientos negativos con lo real y cuestiónalos. Analiza si lo que piensas refleja la realidad o es algo exagerado, negativo y generaliza demasiado como ¡Todo me sale mal !, ¡No aprobaré nunca! ¿Realmente es cierto?, ¿en qué te basas para afirmar que lo que piensas es cierto?

Puedes  crear otros pensamientos más concretos, positivos y reales, como:

– Me voy a dar una oportunidad

– No puedo adivinar el futuro

– Voy a hacerlo lo mejor que sepa

– Lo perfecto no es posible, lo adecuado sí

– Voy a estudiar lo que me dé tiempo

– Si suspendo podré soportarlo aunque no me guste

– Puedo aprender de mis equivocaciones

Aceptar los propios errores: También podemos hacer otra cosa: intentar relativizar los errores cometidos – sobre todo si somos muy perfeccionistas y tendemos a ser muy críticos con nosotros mismos. Todo el mundo comete errores, y los errores son “oportunidades de aprendizaje, formas de aprender”. Aprender a tolerar los propios errores – como el problema que no supimos resolver en el examen sorpresa de matemáticas – es una facultad muy valiosa.

Debemos cuidarnos: Hay métodos y formas para aprender a tranquilizarnos y a centrarnos frente a una situación que nos provoca nerviosismo y ansiedad. Un método efectivo y sencillo son las técnicas de respiración. Si practicamos con regularidad ejercicios de respiración, conseguiremos que nuestro cerebro capte esa práctica como una señal para aprender a relajarse.

Y, por supuesto, el cuidado de la salud – dormir como mínimo 8 horas, practicar ejercicio físico y comer de forma saludable – ayudará a nuestra mente a rendir al máximo.

Todo aprendizaje requiere tiempo y práctica, y aprender a superar la ansiedad ante los exámenes no es diferente. Aunque no es algo que vaya a desparecer de la noche a la mañana, el hecho de afrontar y aprender a controlar la ansiedad ante los exámenes, ayudará a controlar el estrés, lo que puede ser de gran ayuda en muchas otras situaciones a lo largo de nuestra vida.

¿En tu casa o en la mía?

Siempre se nos ha dicho que la sexualidad es una de las formas más completas de comunicación entre las personas, puesto que en ellas intervienen los niveles físico, sensorial, mental y afectivo, y también, que sin ella es imposible desarrollarse plenamente, ya que, en definitiva, la sexualidad es una manifestación de que “estamos vivos”. Dado el carácter tan natural e imprescindible de la sexualidad en nuestras vidas, es lógico deducir que se convierte en un derecho fundamental, el disfrute de la misma por todos.

Pero ¿Qué sucede cuando nos referimos a la sexualidad de las personas con discapacidad? ¿Pensamos de la misma manera? ¿Nos vienen dudas sobre si ellos pueden…sienten la misma necesidad…tienen oportunidades?

Para empezar, el punto de arranque es afirmar que todos, independientemente de nuestras condiciones físicas o intelectuales, experimentamos deseo de vivir una sexualidad satisfactoria. Dicha sexualidad abarca un campo muy extenso que supera barreras conceptuales del tipo “coito”, “genitales”, “erección”, “reproducción”.

Lo más habitual es que los chicos y chicas con discapacidad no tengan información sobre este tema porque se considera que “no lo necesitan”, o porque se da por supuesto que esa persona no va a tener oportunidades de vivir su sexualidad como cualquier otra.

Si tienes un amigo/a con discapacidad no te cortes por contar delante de él/ella tu cita con ese chico/a que tanto te gusta. Al no comentar esas anécdotas solo limitamos información y damos por hecho que “no pueden”.

En otras ocasiones apenas reciben información de la familia, bien porque se encuentran indecisas, intentan desviar el tema, o no saben cómo hacerlo. Muchas veces, las familias mantienen la esperanza de que la falta de información evite la aparición de la curiosidad y el deseo. Pero bien sabemos que la sexualidad nace con nosotros y contribuye como un factor más en nuestro desarrollo. Es imposible obviarla de nuestra vida.

Ahora que hemos mencionado a la familia, aprovecho para destacar un aspecto esencial que facilita el encuentro con la sexualidad: la intimidad. Los chicos/as con discapacidad disponen de muy poco tiempo para estar con ellos mismos o con otras personas de su misma edad en un entorno más privado. Siempre acompañados por profesores, educadores, padres, hermanos….se hace prácticamente imposible vivir una experiencia ligada a la sexualidad. Además, desgraciadamente sabemos que estos chicos suelen tener menos momentos de ocio y por tanto, menos oportunidades de relacionarse con iguales en espacios más distendidos, lo que repercute también en sus posibles encuentros amorosos.

Ante esta situación, quizá no estaría de más tolerar que nuestro hijo/a con discapacidad pueda mantener la puerta cerrada de su habitación y “dejarle hacer”. Todos necesitamos disponer de nuestro tiempo para hacer libremente lo que queramos sin “soportar” unos ojos que nos observen. Conocer nuestro cuerpo complementa nuestra visión sobre nosotros mismos, lo que nos gusta y lo que no.

Cabe la posibilidad que nuestro hijo/a con discapacidad tenga pareja. Las personas con discapacidad tienen deseos de compartir su vida con otra persona, de tener pareja, y consecuentemente, llevar una vida “entre dos” como cualquier otra. Salir a pasear, quedar con amigos y disponer de momentos íntimos, entregar y recibir amor de la forma en que se quiera sin ser cuestionados, ni “mal vistos”, y con todo su pleno derecho, es un paso que debemos dar y aceptar.

Sabemos que estas parejas disponen de menos libertad para hacer esas pequeñas actividades que tanto nos llenan. Si nuestro hijo tiene discapacidad y tiene una pareja, quizás deberíamos pensar que el negarle esa normalidad, le hace infeliz y sentirse como un bicho raro. Por nuestra parte podríamos facilitarle muchos las cosas. Por ejemplo, si por la propia discapacidad es improbable o difícil que puedan tener un espacio íntimo, ¿Por qué no prepararles una tarde romántica en casa para los dos solos? Seguro que estarían muy agradecidos. Les habremos dado la oportunidad de acercarse más entre ellos y de disfrutar de un momento único y especial. En definida, habremos creado el espacio en el que la pareja consigue sentirse a gusto con cada cual, en confianza, cómodos, cercanos… en un sitio que puede invitar a la pasión sin censuras. No olvidemos que este deseo no disminuye porque se sea o no discapacitado.

Me gustaría concluir este escrito apoyándome en la definición que indica la Organización Mundial de la salud (OMS), el cual reconoce que la sexualidad es una fuente de placer, salud,  bienestar y comunicación, que vivida satisfactoriamente es también una fuente de comprensión con los demás, así como una eliminación de tensiones y rigideces. Por tanto es un principio de armonía y equilibrio que genera en las personas actitudes positivas ante sí mismos y ante los demás.

El afecto, en todos sus matices y expresiones, es una necesidad primaria del ser humano. Recordemos siempre lo que nos hace sentir un beso, una caricia, una mirada cómplice, un abrazo, y por qué no….una sesión de auténtica pasión. Podemos ayudar a que otros también lo sientan.